sábado, 28 de marzo de 2009

Nicaragua tan salvajemente dulce

En la vida hay dos tipos de viajeros, los que miran el mapa para trazar una nueva ruta y los que sencillamente se miran al espejo. Los que miran el mapa son los que se van, los que miran al espejo son los que regresan

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Siempre me apasionó viajar: ¡volar, vivir, sentir, gustar, oler, conocer, descubrir, compartir, saborear, escuchar, contemplar, participar, aprender, crecer!

Yo me encuentro a mí misma en cada uno de mis viajes, y aunque el tiempo se encargue de difuminar los recuerdos, disipándose como la bruma, las emociones se diluyan y las imágenes se borren de nuestras retinas (y de mi ordenador de un plumazo, en un descuido), está para ello la memoria, para hacernos re-sentir las vivencias pasadas...

No sé que tienen mis destinos que siempre vuelvo a ellos cada vez que los evoco y puedo sentirlos y vivirlos.

Hoy me traslado una vez más a Nicaragua:

Coloridos murales revolucionarios, historias sobre política; calles enlodadas y casas de cartón, madera y uralita; leyendas sobre galeones piratas hundidos en la Costa de los Mosquitos; poemas de Rubén Darío, ron de caña envejecido durante años al son de bachata; playas vírgenes bañadas por las cristalinas aguas del Caribe; inmensos lagos totalmente contaminados, el océano Pacífico que en nada hace honor a su nombre, cerros y volcanes activos; hamacas tejidas a mano por artesanos octogenarios; cazadores furtivos al acecho de tortugas Tora; campesinos, militares, colegiales uniformados, coyotes (cambistas), vendedores ambulantes... Una legión de autobuses, importados de los colegios y universidades estadounidenses transportando a decenas de personas hacinadas en su interior; destartaladas camionetas repletas de pasajeros en todas las direcciones...

Nicaragua, un país desconocido para muchos.

Caótica, melancólica, resignada, ocupa la segunda posición en el ranking de los países más pobres de América. Los desastres naturales -terremotos y huracanes-, las secuelas de una guerra casi continua y el “desacierto” de las clases dirigentes han colocado al país al borde del abismo. Sin embargo, tras los elevados índices de pobreza, se esconde la otra Nicaragua. Encomiable, cálida, exuberante.

La viva mirada penetrante de los niños con sus ojos negros como el tizón y ¡ese brillo!… Su sonrisa sincera, facilona y gratuita, han quedado perennes en mi memoria y en mi corazón. Con una vitalidad insuperable, faltos de todo, llenos de tanto, han aprendido a volar a la fuerza. Jamás han visto un tren (no hay una sola línea ferroviaria en todo el país), ni la nieve, ni una escalera mecánica, ni una lavadora, ni una cisterna. No saben qué es un ascensor, ni la Nintendo… Juegan en la calle, de tierra y fango, sin alumbrado, a la trompa (peonza) y el balón. Descalzos, o con chinelas (chanclas) quien tuvo suerte. Les entusiasma jugar al pañuelo, se te cuelgan del cuello pidiendo a gritos mudos una mínima muestra de afecto. Les fascina ser fotografiados y jamás te piden nada, sólo que le muestres sus rostros grabados en la cámara: ¡enseña, enseña!.

Un mes, sólo un mes, pero fue cada día tan intenso que tardé en digerir tantas vivencias…

…Y cuando aprendimos a limpiar nuestra retina de los prejuicios y prioridades occidentales para, sólo así, entender el funcionamiento de las cosas en un contexto que nos resultaba lejano y desconocido, cuando empezamos a enfocar la imagen en nuestros cerebros… nos fuimos.

Pero en mi equipaje me los traje a todos, metiditos en mi mochila, y para que no los extraditaran intentando yo pasar mil controles en Miami, los guardé en mi corazón.

Me gustaría no perder nunca esa ilusión que desarrollamos de niños de descubrir, crecer, conocer y tocarlo todo. ¡Las ganas de conquistar la vida!, ¡el entusiasmo de ir al encuentro del otro!. ¡La capacidad de sorprenderme!.


Si me dijeran pide un deseo...



jueves, 26 de marzo de 2009

Un mar de fueguitos


Escribió Eduardo Galeano, que no yo, en su Libro de los Abrazos, la historia que viene a continuación y le dió por título El mundo:

<< Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

- El mundo es eso – reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende>>.

martes, 24 de marzo de 2009

RE: FW: El valor de una sonrisa... JA JA Y JA!



La yugular se me hincha por momentos cuando abro mi correo electrónico y veo mi bandeja de entrada petada con los típicos correos absurdos que te manda gente que no conoces de nada o de la que no sabes nada desde hace ya no sabes cuánto, pero claro...como tienen que mandar ese correo al menos a 14 personas en menos de 24 horas para que no les caiga una maldición eterna, y no tienen 14 "amigos" a quien joder, pues te lo mandan a ti, en este caso a mi...y yo, que los borro directamente sin leerlos, llevo almacenadas maldiciones para esta vida y para 40.000 vidas más. Porque sí, porque paso del típico test de inteligencia de "elige vaca, tigre, caballo y no sé qué"...porque paso de powerpoints en plan "me acuerdo de ti y te mando abrazos, sonrisas y lágrimas porque eres importante en mi vida" aunque no me acuerdo ni de cómo te llamas o no sé nada de ti desde hace años, ni he tenido nunca momento para una llamadita de teléfono, que sale caro, pero eso sí...como no envies esto a 14 personas te voy a joder la vida...

Los hay quienes, conociéndome ya, se toman la molestia de quitar del título del mensaje el famoso FW: para ver si caigo, pero como eso canta un huevo hay quienes incluso cambian todo el título. Y digo yo, tanta molestia y tanto tiempo mal empleado, ¿por qué no me escribes unas palabritas de ti pa mí, pa ver que fue de nuestras vidas?. Si realmente te acuerdas tanto de mí y me quieres tanto y todas esas manifestaciones de la exaltación de la amistad, ¿por qué no me escribes directamente para decírmelo?. ¡Pantomimas!.

Así es que quizá jamás tenga suerte en el amor en toda mi vida, o tenga 23.452 años de mala suerte acumulados, o me despidan en unas horas y me embarguen la casa, o qué sé yo. Sea como sea lo que sí estoy es hasta los ovarios de las cadenas, de los test, y de si envías esto te regalan un motorola (que siempre es trola) "por si acaso te lo envío".
Vayanse con la música a otra parte.


lunes, 23 de marzo de 2009

Historia Clínica

Informó que sufría taquicardia cada vez que la veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le trababa la lengua y no lograba articular sonidos cuando ella lo miraba, aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de la glándula sudorípara cada vez que ella le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Afirmó ser incapaz de articular palabra en su presencia y mucho menos para dirigirse a ella. Tartamuedo nervioso.
Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando ella lo tocaba, aunque fuera por error.
Confesó que por ella padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas, que lo desvelaba el insomnio.

-Pero fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
-¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
-Su caso es grave.

Qué pena áquel que renuncia a vivir por miedo a sufrir enamorándose. Un muerto encierra.

domingo, 22 de marzo de 2009

Cambio de estación


Vidas que dejé cruzadas ya no vienen persiguiéndome. Ahora que las sombras de las velas que nunca se apagaron del todo ya no me asedian, no ando cabizbaja por callejones color sepia desgastados de tantos que han andado arrastrando los pies. Cantos rodados, adoquines en escala de grises.

El frío ya no se mete entre las suelas y al respirar no sale vaho para convertirse en humo de cigarro imaginario. Ya no necesito la lluvia que limpie las calles. Los inviernos venideros marcharé a un lugar donde llueva hacia arriba, que ya me cansé de llover sobre mojado. El viento no es quien arrastra las estaciones ni el tiempo a quien debemos colgarle todos los sambenitos.

Es mi cuerpo que se revela, de forma discreta, con fuerzas. Y no preciso lugar donde esconderme. Se me primaverea el alma.

Ya no camino en blanco y negro por calles que han perdido el color y el tiempo, y siento la alegría de saber que igual que yo te pierdo otros me ganan.