jueves, 10 de diciembre de 2009

Morocco


Marruecos en un antiguo cliché...
Los palacios, las kashbas. Gentes sentadas esperando nada. Las callejuelas, al atardecer, siempre animadas, siempre bulliciosas. Callejuelas que se convierten en improvisados mercados.
Las medinas o los niños que juegan y corretean detrás de los turistas. Esos niños, que parecen multiplicarse día tras día. y que se convertirán en pronta mano de obra.
Las medinas o los hombres sentados en las aceras, vendiendo todo tipo de objetos, relojes, cigarrillos, o quizá jugando, sosegadamente a las cartas, esperando ver caer el sol.
Los comerciantes, apostados, en las puertas de sus comercios, diciéndote: "amigo, amigo", "pasa, solo ver, no comprar", ¿eres español?, ¿si?, entonces eres mi hermano.
Nunca, nunca te aburrirás, ningún día es igual a otro, sólo tienes que dejarte llevar, disfrutar del momento. Marruecos, donde la luz arde desde primeras horas de la mañana. La luz quema al llegar al mediodía. Y al anochecer, cuando la brisa de la noche te acaricia el rostro, duermes, duermes profundamente.
Satisfecho de haber recorrido el país, sin miedos, sin angustias, y, lo más importante, sin prisas. Comunicándote lo mejor que puedes con los aldeanos, que te ofrecerán gustosos, encantados, un reconfortante vaso de té y deliciosas pastas.
Solo querrán un poco de conversación, solo querrán que les expliques que hay más allá del mar, como es tu familia, tu tierra...
Y te escucharán en silencio, con respeto, con esa mirada brillante que chocará en tus ojos, y nunca más la podrás olvidar.
Sólo tienes que respetarlos, y , entonces, te aseguro que tendrás un amigo.
Marruecos, o los zocos asentados en las plazas de las aldeas, donde podrás encontrar desde una vieja radio, que seguramente, ya habrás olvidado que algún día existió, hasta unas chuletas de carne, rodeadas de moscas. Desde aparatos, herramientas que ya perdieron su utilidad o que no sabrás para que se utilizan, hasta toda clase de vajillas, juegos de té, alfombras, cosméticos para la piel...Desde dentaduras, hasta ramas para limpiar los dientes. Y regatear, regatear, siempre regatear, ¡no los vayas a ofender!
Marruecos o la artesanía, o las bellísimas puertas de madera, con sus dibujos, sus caligrafías, sus arcos de yesería, que son testigos mudos de la historia, de las leyendas y mitos del pueblo magrebí.
Marruecos, parada obligatoria de grandes artistas como Henry Matisse, Keith Richard, Jimi Hendrix y Paul Bowles entre otros muchos.
Marruecos o la sorpresa, Marruecos, o el país al que siempre has de volver.
Marruecos, entre dos culturas. El oriente con el occidente.

¿Hacía donde se quiere dirigir Marruecos?. Al lado del mundo atávico intentan asomarse tímidamente las nuevas tecnologías. Junto a los zocos, se construyen modernos complejos turísticos y urbanizaciones. Al lado de pequeños colmados, van apareciendo vastos centros comerciales. Este es el nuevo Marruecos, que mira de reojo hacía Europa, sin querer perder sus costumbres ancestrales. Marruecos siempre en mi corazón.