y esta noche me guio sólo por las estrellas. ¡Algunas son tan fugaces!.
Nunca se me ha dado bien la astronomía y al mirar al cielo, veo miles de constelaciones inventadas y estrellas que no consigo nombrar.
He visto carros y cruces del sur, andrómedas y oriones, casiopea y la polar. Me ha parecido ver a Pegaso, pero seguro me lo he imaginado. Ahora he visto barcos de bajura, gatos, árboles, lluvia, una sirena sentada en el techo de una ambulancia y hasta el camión de la basura.
Al final, como no sabía qué rumbo seguir, me he tumbado mirando al cielo figurandome miles de historias sonriendo aún estando perdida, esperando que salga el sol por el este para continuar mi camino.
Cuando hay que decidir, aunque no elijas nada, ya has decidido
En la vida hay dos tipos de viajeros, los que miran el mapa para trazar una nueva ruta y los que sencillamente se miran al espejo. Los que miran el mapa son los que se van, los que miran al espejo son los que regresan
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Siempre me apasionó viajar: ¡volar, vivir, sentir, gustar, oler, conocer, descubrir, compartir, saborear, escuchar, contemplar, participar, aprender, crecer!
Yo me encuentro a mí misma en cada uno de mis viajes, y aunque el tiempo se encargue de difuminar los recuerdos, disipándose como la bruma, las emociones se diluyan y las imágenes se borren de nuestras retinas (y de mi ordenador de un plumazo, en un descuido), está para ello la memoria, para hacernos re-sentir las vivencias pasadas...
No sé que tienen mis destinos que siempre vuelvo a ellos cada vez que los evoco y puedo sentirlos y vivirlos.
Hoy me traslado una vez más a Nicaragua:
Coloridos murales revolucionarios, historias sobre política; calles enlodadas y casas de cartón, madera y uralita; leyendas sobre galeones piratas hundidos en la Costa de los Mosquitos; poemas de Rubén Darío, ron de caña envejecido durante años al son de bachata; playas vírgenes bañadas por las cristalinas aguas del Caribe; inmensos lagos totalmente contaminados, el océano Pacífico que en nada hace honor a su nombre, cerros y volcanes activos; hamacas tejidas a mano por artesanos octogenarios; cazadores furtivos al acecho de tortugas Tora; campesinos, militares, colegiales uniformados, coyotes (cambistas), vendedores ambulantes... Una legión de autobuses, importados de los colegios y universidades estadounidenses transportando a decenas de personas hacinadas en su interior; destartaladas camionetas repletas de pasajeros en todas las direcciones...
Nicaragua, un país desconocido para muchos.
Caótica, melancólica, resignada, ocupa la segunda posición en el ranking de los países más pobres de América. Los desastres naturales -terremotos y huracanes-, las secuelas de una guerra casi continua y el “desacierto” de las clases dirigentes han colocado al país al borde del abismo. Sin embargo, tras los elevados índices de pobreza, se esconde la otra Nicaragua. Encomiable, cálida, exuberante.
La viva mirada penetrante de los niños con sus ojos negros como el tizón y ¡ese brillo!… Su sonrisa sincera, facilona y gratuita, han quedado perennes en mi memoria y en mi corazón. Con una vitalidad insuperable, faltos de todo, llenos de tanto, han aprendido a volar a la fuerza. Jamás han visto un tren (no hay una sola línea ferroviaria en todo el país), ni la nieve, ni una escalera mecánica, ni una lavadora, ni una cisterna. No saben qué es un ascensor, ni la Nintendo… Juegan en la calle, de tierra y fango, sin alumbrado, a la trompa (peonza) y el balón. Descalzos, o con chinelas (chanclas) quien tuvo suerte. Les entusiasma jugar al pañuelo, se te cuelgan del cuello pidiendo a gritos mudos una mínima muestra de afecto. Les fascina ser fotografiados y jamás te piden nada, sólo que le muestres sus rostros grabados en la cámara: ¡enseña, enseña!.
Un mes, sólo un mes, pero fue cada día tan intenso que tardé en digerir tantas vivencias…
…Y cuando aprendimos a limpiar nuestra retina de los prejuicios y prioridades occidentales para, sólo así, entender el funcionamiento de las cosas en un contexto que nos resultaba lejano y desconocido, cuando empezamos a enfocar la imagen en nuestros cerebros… nos fuimos.
Pero en mi equipaje me los traje a todos, metiditos en mi mochila, y para que no los extraditaran intentando yo pasar mil controles en Miami, los guardé en mi corazón.
Me gustaría no perder nunca esa ilusión que desarrollamos de niños de descubrir, crecer, conocer y tocarlo todo. ¡Las ganas de conquistar la vida!, ¡el entusiasmo de ir al encuentro del otro!. ¡La capacidad de sorprenderme!.
Escribió Eduardo Galeano, que no yo, en su Libro de los Abrazos, la historia que viene a continuación y le dió por título El mundo:
<< Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso – reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende>>.
La yugular se me hincha por momentos cuando abro mi correo electrónico y veo mi bandeja de entrada petada con los típicos correos absurdos que te manda gente que no conoces de nada o de la que no sabes nada desde hace ya no sabes cuánto, pero claro...como tienen que mandar ese correo al menos a 14 personas en menos de 24 horas para que no les caiga una maldición eterna, y no tienen 14 "amigos" a quien joder, pues te lo mandan a ti, en este caso a mi...y yo, que los borro directamente sin leerlos, llevo almacenadas maldiciones para esta vida y para 40.000 vidas más. Porque sí, porque paso del típico test de inteligencia de "elige vaca, tigre, caballo y no sé qué"...porque paso de powerpoints en plan "me acuerdo de ti y te mando abrazos, sonrisas y lágrimas porque eres importante en mi vida" aunque no me acuerdo ni de cómo te llamas o no sé nada de ti desde hace años, ni he tenido nunca momento para una llamadita de teléfono, que sale caro, pero eso sí...como no envies esto a 14 personas te voy a joder la vida...
Los hay quienes, conociéndome ya, se toman la molestia de quitar del título del mensaje el famoso FW: para ver si caigo, pero como eso canta un huevo hay quienes incluso cambian todo el título. Y digo yo, tanta molestia y tanto tiempo mal empleado, ¿por qué no me escribes unas palabritas de ti pa mí, pa ver que fue de nuestras vidas?. Si realmente te acuerdas tanto de mí y me quieres tanto y todas esas manifestaciones de la exaltación de la amistad, ¿por qué no me escribes directamente para decírmelo?. ¡Pantomimas!.
Así es que quizá jamás tenga suerte en el amor en toda mi vida, o tenga 23.452 años de mala suerte acumulados, o me despidan en unas horas y me embarguen la casa, o qué sé yo. Sea como sea lo que sí estoy es hasta los ovarios de las cadenas, de los test, y de si envías esto te regalan un motorola (que siempre es trola) "por si acaso te lo envío".
Informó que sufría taquicardia cada vez que la veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le trababa la lengua y no lograba articular sonidos cuando ella lo miraba, aunque fuera de refilón. Admitió una hipersecreción de la glándula sudorípara cada vez que ella le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo. Afirmó ser incapaz de articular palabra en su presencia y mucho menos para dirigirse a ella. Tartamuedo nervioso. Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando ella lo tocaba, aunque fuera por error. Confesó que por ella padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas, que lo desvelaba el insomnio.
-Pero fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso. El médico arqueó las cejas: -¿Nunca más sintió nada de eso? Y diagnosticó: -Su caso es grave.
Qué pena áquel que renuncia a vivir por miedo a sufrir enamorándose. Un muerto encierra.
Vidas que dejé cruzadas ya no vienen persiguiéndome. Ahora que las sombras de las velas que nunca se apagaron del todo ya no me asedian, no ando cabizbaja por callejones color sepia desgastados de tantos que han andado arrastrando los pies. Cantos rodados, adoquines en escala de grises.
El frío ya no se mete entre las suelas y al respirar no sale vaho para convertirse en humo de cigarro imaginario. Ya no necesito la lluvia que limpie las calles. Los inviernos venideros marcharé a un lugar donde llueva hacia arriba, que ya me cansé de llover sobre mojado. El viento no es quien arrastra las estaciones ni el tiempo a quien debemos colgarle todos los sambenitos.
Es mi cuerpo que se revela, de forma discreta, con fuerzas. Y no preciso lugar donde esconderme. Se me primaverea el alma.
Ya no camino en blanco y negro por calles que han perdido el color y el tiempo, y siento la alegría de saber que igual que yo te pierdo otros me ganan.
Es increíble cómo nos aferramos a la vida, negando lo innegable, tratando de evitar lo inevitable. Increíble cuánto nos puede costar asumir la evidencia de la pérdida de un ser querido. Y lo cierto es que no lloramos a quien se va sino a nosotros que nos quedamos. Nos duele no tanto esa pérdida como la impotencia de no haber podido evitarla, la rabia, el desconsuelo y el miedo a quedarnos vacíos, a no poder superarla. Increíbles los mecanismos de defensa que nuestro subconsciente pone en marcha para no ser consciente… Increíble el miedo que tenemos al dolor, la negación al sufrimiento en esta vida que hicimos de hedonismo y omnipotencia. La muerte concebida como un fracaso... ¡Increíble!.
- Lamento mucho lo ocurrido. Su hija ingresó en un estado muy crítico. Hemos hecho todo cuanto nos ha sido posible, pero no hemos podido evitar su muerte. - Entonces, ¿no voy a volver a verla?. ¿No se va a venir a casa conmigo?. - Me temo que no. Puede pasar a verla un momento, pero dadas además las circunstancias de su fallecimiento, el tema de su hija es un caso judicial y debemos esperar al juez. - Pero, ¿puedo verla?, ¡quiero verla!, ¡quiero ver a mi hija!. - Por supuesto que sí, puede ver a su hija. - ¡Hala Inés venga, despierta ya, que este señor no para de decir tonterías!. No te hagas la remolona, levántate que nos vamos a casa.
La vida necesita sal, ese ingrediente mágico que no se ve pero se nota. El secreto está en las especias, un toque de canela, y no mirar atrás en los andenes, pues si lo hacemos, la imagen permanece, como una promesa.
Con permiso de Tassos Boulmetis. director y guinista de "Un toque de canela".
Ayer tuve la oportunidad de ir al circo sin moverme de casa, sentadita en mi sofá calentita y en pijama. ¡Y encima de gratis!. TV1, cómo no podía ser otra, no sé en qué programa que descubrí haciendo zapping, sacaba a la palestra al payaso más patético y bufón de la SGAE: un engreído Ramoncín con melenita al más puro estilo Rapael con aires de principe de Beckelar hacía un refrito de su pollo, como cuando en plena movida madrileña de los 80 se creía el rey. José Ramón Julio Martínez Marquez, así bautizaron al notas, desenlataba su más que enlatada canción hormigón, mujeres y alcohol ante un pueril público incapaz de seguirle en la letra.
Mamoncín, que se autoproclamó como primer representante del punk en España, antes incluso de que surgiese el gozoso fenómeno de la "movida", daba coletazos ante las cámaras intentando estirar un poco más el chicle que le dió le comer, y de nuevo volvía hacer el ridículo más espantoso.
Leo, en la wikipedia, que el muy cabrón se separó de su grupo (WC?) para grabar en solitario un disco que contenía temas que pertenecían a la banda original sin consultar ni pedir consentimiento a sus creadores originales. ¡Muy en su línea!, él mismo afirmó en una entrevista que creió escuchando discos piratas de Bruce Springsteen. Y de ahí a miembro de la junta directiva de la SGAE y a defensor acérrimo de los derechos de los (canta)autores y compositores, hacienlo alarde de su doble moral.
Pero tranquilo, que arrieritos somos y en el camino nos encontraremos y Ramoncín es un muerto de hambre (metafóricamente hablando), patético y decadente en todos los sentidos, que si antes si meaba en su público ahora es éste quien se la devuelve embotellada.
Al menos nos sirve como ejemplo para ilustrar a los niños sobre las consecuencias del consumo prolongado de sustancias estupefacientes, en concreto la coca...
"¿preguntas que por qué son malas las drogas, hijo? ¿has visto como ha quedado ramoncín?, pues eso..."
Hoy me la he pasado especialmente peleona, quizá sea porque he trabajado más horas de la cuenta o porque aún no me he acostado, pero la cuestión es que me siento a rabiar.
Amigo de mis amigos... amigo de mis amigos… ¡No hay frase que odie más! ¿Se puede ser más absurdo, por favor?. Me crispa la gente que alardea y presume con tan estúpida frase. ¿Qué mierda de virtud es esa?, ¿es eso todo lo que puedes decir de ti mismo? ¡Pues vaya mérito!. No puedo con esa gente, me enervo… ya puedes entrarme muy bien que como sueltes esa frase, ¡la has cagado!. Y hay quien encima la intensifica cuantificándola anteponiendo el adverbio “muy”: yo soy muy amigo de mis amigos.
¿Pero quién coño no lo es?. Es obvio, precisamente la reciprocidad es una de las condiciones de la amistad, si no se da no existe. Decir que eres amigo de tus amigos es como decir que eres hermano de tus hermanos, hijo de tus padres, vecino de tus vecinos o pareja de tu pareja. Para mí decir que eres amigo de tus amigos es como decirme: Soy idiota pero aún no lo sé.
- Si tú sólo eres amigo de tus amigos, entonces tú y yo no podemos ser amigos porque aún no lo somos. - Sí bueno, sí lo somos, porque los amigos de mis amigos son mis amigos. - ¡Ahora sí que la has acabado de arreglar!. Los amigos de tus amigos son eso: amigos de tus amigos y punto. Si además sucede que congeniáis y coincidís desde la amistad ¡genial! pero sino es así ¡genial también!. ¡No todo el mundo tenemos porqué ser amigos!.
A veces necesitamos expresar nuestros sentimientos en voz alta para que tomen forma real, palpable, entendible...y contamos nuestras alegrías y tristezas no esperando consejo, sino para escucharnos a nosotros mismos.
BSO
Leer, leyendo y leído...
* La Mujer Habitada. Gioconda Belli * Pura Vida. José María Mendiluce * Guía para Sobrevivir a una Isla. George Zarkadakis * Noviembre. Gustave Flaubert * El País Bajo mi Piel. Gioconda Belli * Patas arriba. Eduardo Galeano