martes, 3 de marzo de 2009

De perogrullo

Hoy me la he pasado especialmente peleona, quizá sea porque he trabajado más horas de la cuenta o porque aún no me he acostado, pero la cuestión es que me siento a rabiar.

Amigo de mis amigos... amigo de mis amigos…
¡No hay frase que odie más!
¿Se puede ser más absurdo, por favor?.
Me crispa la gente que alardea y presume con tan estúpida frase.
¿Qué mierda de virtud es esa?, ¿es eso todo lo que puedes decir de ti mismo? ¡Pues vaya mérito!.
No puedo con esa gente, me enervo… ya puedes entrarme muy bien que como sueltes esa frase, ¡la has cagado!.
Y hay quien encima la intensifica cuantificándola anteponiendo el adverbio “muy”: yo soy muy amigo de mis amigos.

¿Pero quién coño no lo es?. Es obvio, precisamente la reciprocidad es una de las condiciones de la amistad, si no se da no existe.
Decir que eres amigo de tus amigos es como decir que eres hermano de tus hermanos, hijo de tus padres, vecino de tus vecinos o pareja de tu pareja.
Para mí decir que eres amigo de tus amigos es como decirme: Soy idiota pero aún no lo sé.

- Si tú sólo eres amigo de tus amigos, entonces tú y yo no podemos ser amigos porque aún no lo somos.
- Sí bueno, sí lo somos, porque los amigos de mis amigos son mis amigos.
- ¡Ahora sí que la has acabado de arreglar!. Los amigos de tus amigos son eso: amigos de tus amigos y punto. Si además sucede que congeniáis y coincidís desde la amistad ¡genial! pero sino es así ¡genial también!.
¡No todo el mundo tenemos porqué ser amigos!.

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