En la vida hay dos tipos de viajeros, los que miran el mapa para trazar una nueva ruta y los que sencillamente se miran al espejo. Los que miran el mapa son los que se van, los que miran al espejo son los que regresan
Siempre me apasionó viajar: ¡volar, vivir, sentir, gustar, oler, conocer, descubrir, compartir, saborear, escuchar, contemplar, participar, aprender, crecer!
Yo me encuentro a mí misma en cada uno de mis viajes, y aunque el tiempo se encargue de difuminar los recuerdos, disipándose como la bruma, las emociones se diluyan y las imágenes se borren de nuestras retinas (y de mi ordenador de un plumazo, en un descuido), está para ello la memoria, para hacernos re-sentir las vivencias pasadas...
No sé que tienen mis destinos que siempre vuelvo a ellos cada vez que los evoco y puedo sentirlos y vivirlos.
Hoy me traslado una vez más a Nicaragua:
Coloridos murales revolucionarios,
historias sobre política; calles enlodadas y casas de cartón, madera y uralita; leyendas sobre galeones piratas hundidos en
Nicaragua, un país desconocido para muchos.
Caótica, melancólica, resignada, ocupa la segunda posición en el ranking de los países más pobres de América. Los desastres naturales -terremotos y huracanes-, las secuelas de una guerra casi continua y el “desacierto” de las clases dirigentes han colocado al país al borde del abismo. Sin embargo, tras los elevados índices de pobreza, se esconde la otra Nicaragua. Encomiable, cálida, exuberante.
La viva mirada penetrante de los niños con sus ojos negros como el tizón y ¡ese brillo!… Su sonrisa sincera, facilona y gratuita, han quedado perennes en mi memoria y en mi corazón. Con una vitalidad insuperable, faltos de todo, llenos de tanto, han aprendido a volar a la fuerza. Jamás han visto un tren (no hay una sola línea ferroviaria en todo el país), ni la nieve, ni una escalera mecánica, ni una lavadora, ni una cisterna. No saben qué es un ascensor, ni
Un mes, sólo un mes, pero fue cada día tan intenso que tardé en digerir tantas vivencias…
…Y cuando aprendimos a limpiar nuestra retina de los prejuicios y prioridades occidentales para, sólo así, entender el funcionamiento de las cosas en un contexto que nos resultaba lejano y desconocido, cuando empezamos a enfocar la imagen en nuestros cerebros… nos fuimos.
Pero en mi equipaje me los traje a todos, metiditos en mi mochila, y para que no los extraditaran intentando yo pasar mil controles en Miami, los guardé en mi corazón.
Me gustaría no perder nunca esa ilusión que desarrollamos de niños de descubrir, crecer, conocer y tocarlo todo. ¡Las ganas de conquistar la vida!, ¡el entusiasmo de ir al encuentro del otro!. ¡La capacidad de sorprenderme!.
Si me dijeran pide un deseo...

2 comentarios:
Yo tb espero no perder nunca lo que considero que es una de mis mejores virtudes. De hecho, creo que a parte de la educación que nos ofrece la escuela, una persona no se culturiza sin tener ganas de leer, de viajar, de ver cine, de aprender una lengua, lo que sea. Pero de tener iniciativa.
Haz conseguido que de pronto, me apetezca mucho ir a Nicaragua! ;)
Un saludo!
...y ser como Peter Pan o como el principito!!!!!
¡No matemos NUNCA al niño que fuimos!
Besos
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