Siempre en pesadumbre, lamentaba su ausencia de brillo: ¿porqué no puedo ser iluminante como las demás?. Cada vez más taciturna se escondía del mundo, cada vez más, encogiéndose sobre sí misma en un ovillo, hasta que de tanta introspección se vio algo por dentro, en el fondo… una luz… ¿es posible? (dijo) yo también brillo!!
Lucía érnaga, dichosa, agitó fuerte las alas, había aprendido a mirarse por dentro, sin miedos, y en su vuelo iluminó el cielo.
...Y entonces, sólo entonces, descubrió que en la inercia de la luz se pude volar sin alas...

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