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Muchos han forzado la leyenda creyéndose más, olvidando hasta el grado de ebriedad. Sin embargo, cuentan, que un hombre, sin nada que perder, ingresó con ímpetu dejando la puerta abierta de par en par, esquivó la barra y sin más se detuvo frente al espejo. El bar hizo silencio a tal espectáculo. El hombre dió vuelta, miró sin mirar y se marchó. Al salir alcanzaron a ver que cubría su cabeza con una boina.
Desde ese entonces, cuentan, que el espejo le dice a todo aquél que se atreva a mirarse su propósito en la vida.
Muchos afirman que el espejo fue incapaz de borrar tanta seguridad.
Al día de hoy, varios, viajan a
Alejandro Filio

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