sábado, 14 de marzo de 2009

Duelo a muerte

Es increíble cómo nos aferramos a la vida, negando lo innegable, tratando de evitar lo inevitable. Increíble cuánto nos puede costar asumir la evidencia de la pérdida de un ser querido. Y lo cierto es que no lloramos a quien se va sino a nosotros que nos quedamos. Nos duele no tanto esa pérdida como la impotencia de no haber podido evitarla, la rabia, el desconsuelo y el miedo a quedarnos vacíos, a no poder superarla.
Increíbles los mecanismos de defensa que nuestro subconsciente pone en marcha para no ser consciente… Increíble el miedo que tenemos al dolor, la negación al sufrimiento en esta vida que hicimos de hedonismo y omnipotencia. La muerte concebida como un fracaso... ¡Increíble!.

- Lamento mucho lo ocurrido. Su hija ingresó en un estado muy crítico. Hemos hecho todo cuanto nos ha sido posible, pero no hemos podido evitar su muerte.
- Entonces, ¿no voy a volver a verla?. ¿No se va a venir a casa conmigo?.
- Me temo que no. Puede pasar a verla un momento, pero dadas además las circunstancias de su fallecimiento, el tema de su hija es un caso judicial y debemos esperar al juez.
- Pero, ¿puedo verla?, ¡quiero verla!, ¡quiero ver a mi hija!.
- Por supuesto que sí, puede ver a su hija.
- ¡Hala Inés venga, despierta ya, que este señor no para de decir tonterías!. No te hagas la remolona, levántate que nos vamos a casa.

1 comentario:

ANDER dijo...

A día de hoy la gente todavía cree en la justicia/no justicia de la muerte en vez de en la evolución humana. Creo que ese es el problema.

¿Porqué a mi?