lunes, 23 de marzo de 2009

Historia Clínica

Informó que sufría taquicardia cada vez que la veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le trababa la lengua y no lograba articular sonidos cuando ella lo miraba, aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de la glándula sudorípara cada vez que ella le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Afirmó ser incapaz de articular palabra en su presencia y mucho menos para dirigirse a ella. Tartamuedo nervioso.
Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando ella lo tocaba, aunque fuera por error.
Confesó que por ella padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas, que lo desvelaba el insomnio.

-Pero fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
-¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
-Su caso es grave.

Qué pena áquel que renuncia a vivir por miedo a sufrir enamorándose. Un muerto encierra.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una de las grandes enfermedades que sufre el ser humano. No saber mantener un amor, acusar a la rutina, a la dejadez, y convertir a tu amante en tu acompañante.

Un saludo

Anónimo dijo...

Ya decía yo que ese manejo de vocabulario clínico venía de algun sitio... :)

un saludo compañera

ANDER dijo...

Hay muchos muertos vivientes y pocos soñadores despiertos

Moli dijo...

Gracias por vuestra visita, chicos.
Un saludo.

Dra. Queen pensé que no se me notaba tanto, pero debe ser que yo también lo llevo en la sangre. Deformación profesional y eso que no suelo hablar de trabajo, eh?.