Hazte una manta con todo lo que te quise
para taparte y resguardarte
siempre que te venga a visitar la soledad.
Es imposible que con esa manta puedas tener nunca frío,
y ahora esa manta ya no puede agobiarte.
Y a mi ya no me pesa.
Es una manta de recuerdos, de canciones y fotogramas,
de tardes de cervezas y cenas con berenjenas entre velitas.
De cines en versión original y regresos en bicicleta.
Es una manta a pedazos, de rotos y descosidos,
de besos apasionados que apagaron la pasión.
De respuestas sin preguntas y llamadas sin contestar.
Cafés sin cosumir y mensajes sin despedida.
Es una manta de mago, para desaparecer sin avisar.
Es una manta en francés.
Utilízala siempre que quieras,
hasta que encuentres a alguien que te tape
y construya otra manta contigo.
Ojalá tengas suerte,
y construyáis juntos una que te sirva siempre,
y no a ratos,
que tenga un peso perfecto y nunca te sobre
para que así nunca tengas que echarla hacia los pies.
No dudes nunca que intenté tejer la manta más increible
y con toda la ilusión,
para que nunca necesitaras nada fuera
y te durara toda la vida.
Pero, sencillamente, mi manta no te valía,
Se me olvidó que a pesar de tu frialdad,
tú no sientes tanto el frío
y no pudo ser.
No me arrepiento.
Yo, Penélope, destejí mil veces esta manta
para volvértela a tejer.
Tú, Ulises siempre llegas tarde a Itaca.
Hace 1 mes

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