miércoles, 25 de febrero de 2009

El precio de una foto y la hipocresía de muchos


Desde que Barack Obama se hiciera con la presidencia de los Estados Unidos el pasado 20 de enero, su homólogo español perdió el culo y los papeles para abrir una nueva etapa en la relación “bilateral” (ríome yo) entre los dos países. Y es así como nuestro ejecutivo consiguió colarse en la foto entre los “grandes” (ríome yo) del G-20 ocupando una silla francesa. Ahora toca pagar la factura de esa instantánea y si la anterior ya nos costó un 11-M veremos con qué tendremos que pagar nuestra “cuota de popularidad” esta vez. ¿Daños colaterales de la bilateralidad?.

Barack Obama firmó el pasado 22 de enero, dos días después de tomar posesión de su cargo, un decreto que ordena el cierre en un año del centro de detención de Guantánamo, donde permanecen unos 250 presos a la espera de juicio. Desde ese momento, para poder desmantelar la herencia legal más lacerante de la era Bush, reclamó la ayuda europea de todos aquellos que en su día (14 de junio de 1985) firmaran (España entre ellos) el tratado de Schengen, por el cual llegaron a un acuerdo para la supresión de fronteras comunes.

Ayer mismo, nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se reunió con la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, y le comunicó la “disposición de España a acoger presos de la base norteamericana en Cuba, siempre y cuando las condiciones jurídicas sean aceptables”. Habrá que ver qué entienden por aceptables estos dos señores sabiendo que nos movemos en un pantanoso terreno de arenas movedizas en el que los derechos humanos han brillado por su ausencia.

Como respuesta, Clinton le trasladó a Moratinos los saludos del presidente de EE UU para Zapatero, y le transmitió el deseo del nuevo Ejecutivo de EE UU de tener en España “no sólo un aliado fiel sino también un socio activo en todos los compromisos" y al decir todos se refería a todos. Todos los berenjenales en los que áquel estado de supremacía anda metido hasta las trancas (oriente próximo incluido). ¡Apañaos vamos!.

Cuando Obama decretó el cierre de la prisión: ovación mundial a nivel popular. Ahora que toca decidir qué se hace con los presos: encogida de hombros, mirada al techo y silbidito evasivo, dándose media vuelta y salir por patas. Cuando se decide el reparto de todos a uno san Bruno: abucheo y escándalo público y que nadie diga que venga alguno al país propio. ¿Qué esperabais, tirarlos al mar?.

Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero, coincidirán el próximo 2 de abril en la cumbre del G-20 en Londres. Habrá que esperar a ver cuál es el precio a pagar por ese nuevo retrato “de familia”.


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