Con un débil sol que aún no quema pero ya calienta la cérida piel del invierno, permitiendo exhibirla a los más confiados, en pleno mes de febrero Valencia huele ya a fallas. Fallas que sin duda dejarán nueva brecha, no tectónica pero sí económica, de ahí el ansía reucadotoria de nuestra ilustre alcandesa, que abrió ya el calendario de festejos este pasado fin de semana, aclamando voz en grito que pot començar la mascletà. Coincidió con carnavales tan dantesca actuación y con su atuendo rojo habitual se presentó, sin faltar a su cita, en el balcón del ajuntament con todo un tropel de falleras y personajillos del top-ten atiborrándolo cual patera.
Luego por la tarde vino la cridá, entre ovaciones y vítores. Pero esta vez la llamada era a tots els valencians, que al cuerpo local de policía hace ya varias semanas que lo llamó para que se afanaran en barrer las calles de vehículos con la más mínima excusa con tal de engondar las arcas municipales.
Y a partir de hoy, las calles se engalanan con sus más elegantes trajes de luces pagados con el esfuerzo y sudor de todos los valencianos, folloneros o no, y carpas, casales ambulantes, retreteres de alquiler regados con zotal y transitorios monumentos milloneuristas de cartón piedra, niegan el paso a cabreados conductores que maldicen la fiesta y se prolijean toda clase de improperios.
En el Cabañal, barrio con tradición semanasantera donde los haya, ya no saben si sacar en procesión al cristo, a la falla, a la fallera mayor o a

1 comentario:
Certo, certo!
Las fallas que las quemen y a la Rita también!
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